15 diciembre 2011
Piedra, papel o tijera. Parte I
El presente artículo no estaba en los planes de quien lo escribe pero los acontecimientos políticos lo obligan a volcar algunas premisas, cuando la temperatura corporal aún no bajó lo suficiente.
Hace menos de una semana, Cristina Kirchner asume su reelección luego de recibir la mayor cantidad de votos que un presidente argentino en democracia tenga memoria. Su triunfo fue contundente y destacado en todo el mundo.
Como supo hacerlo el kirchnerismo durante sus más de ocho años al frente del poder Ejecutivo, mantuvo la iniciativa política y aprovechando su mayoria legislativa en ambas cámaras, impulsó una serie de proyectos de suma importancia para los años que se vienen: presupuesto, emergencia económica, estatuto del peón rural, ley de tierras y, en mi opinión, la más profundizadora: la que declara a la producción de papel de diario de interés público.
El objetivo era aclarar algunos puntos sobre el proyecto que regulará la producción del insumo principal de la prensa escrita, pero los acontecimientos modifican el cuerpo de la nota, aunque no su título... Es que las declaraciones del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, merecen algunas reflexiones.
El papel quedará entonces para cuando las aguas se aquieten y ahora nos ocuparemos de las piedra y la tijera.
El discurso de Moyano dejó a casi toda la clase política anodada, pese a que desde algunos medios de comunicación se especulaba con que sus dichos serían durísimos para con el oficialismo. En principio hay que decir que el camionero renunció a todo cargo partidario dentro del justicialismo, tanto a nivel provincial como nacional. Su argumento fue que allí "no se está haciendo verdadero peronismo" y hablo de "cáscara vacia". Como no se cuenta con un "peronómetro" a mano que permita determinar fielmente si esto es cierto o no, surge el siguiente interrogante: por qué el líder sindical no expresó estas diferencias dentro del órgano correspondiente cuando hace muy poco los líderes del justicialismo se reunieron en la ciudad de Rio Gallegos (en el marco de un homenaje al ex presidente Néstor Kirchner) y anunciaron su apoyo incondicional al gobierno de CFK. Primera incógnita.
Hugo tiró la primera piedra y muchos sectores de la sociedad se regocijan con que esto haya sucedido. Disfrutan del conflicto: son piromaníacos sociales. Quieren más piedras. Una tormenta de piedras. Pero en la llegada del verano hace falta tener la mente fría y actuar de manera racional, para no incrementar la temperatura discursiva, que sólo beneficia a los cuervos que sobrevuelan siempre esperando la carroña.
Moyano no sólo equivoca el camino, también comete un tremendo error al elegir a los aliados que lo acompañarán en transitarlo: sujetos siniestros que poco tienen que ver con la lucha por mejorar las condiciones de los más humildes; aliados hasta hace menos de seis meses con candidatos presidenciales defensores a ultranza de las corporaciones. Pero toda esta hipocrecía tiene su punto más álgido en los diarios Clarín o La Nación que defenestraron por siempre al secretario general de la CGT y ahora lo colocan en un altar de santidad absoluta por su "valentía de romper con el oficialismo".
Hace no más de una década, el camionero llegaba abordo de una ambulancia a la Plaza de Mayo a dar sus discursos en su enorme lucha contra el neoliberalismo y la convertibilidad que dejaba cada vez más gente en la calle y un aparato productivo destrozado. Hoy pelea por el reparto de ganacias y por incrementar la cantidad de afiliados a su gremio. Algo ha cambiado...
Otro punto que el líder camionero no tiene en cuenta es que, por ahora, los muertos no hablan. Y al especular con lo que haría "el compañero Néstor Kirchner" en estos momentos difíciles para todos los trabajadores del mundo no sólo está descalificando las políticas impulsadas por la presidenta recientemente reelecta con más de la mitad de los sufragios emitidos (y que según los números de Hugo, él contribuyó en la mitad de los mismos...), sino que a su vez coloca al ex presidente en una vereda opuesta a la de su compañera de toda la vida. Sin duda una acto de traición y deslealtad más grande que la que Julio Cobos cometió durante todo su mandato como vicepresidente.
Por eso, un buen baño de humildad para más de uno parece hacer falta. La responsabilidad histórica de quienes poseen un poder de representacion social debe estar a la altura de las circunstancias. La crítica debe ser constructiva y no rupturista porque en la fragmentación quienes se benefician son los mismos vivos de siempre.
"Divide y reinarás", dice el proverbio. Y en este sentido, todos los que realmente tienen como principal objetivo la construcción de un país más justo, solidario y democrático para todos deberían tener esta frase como cabecera antes de largarse a dar un discurso que fomenta la división... de los más desfavorecidos. Continuará.
12 diciembre 2011
Asusten al ciudadano
A poco más de 15 días de que el 2011 sea historia, la coyuntura política argentina no deja de sorprendernos. Por un lado, la asunción de la presidenta Cristina Kirchner volvió a mostrar a miles de argentinos volcados a las calles del centro porteño y la Plaza de Mayo, como sucediera hace un año y medio en los festejos del Bicentenario.
La particularidad es que la palabra "aparato" (ese concepto tan denostado por el medio pelo argentino) no fue utilizada para responder a la extraordinaria convocatoria. Familias enteras, jóvenes, adultos que se sienten adolescentes, ancianos que se sienten pibes. En fin, sector sociales muy heterogéneos y unidos bajo una misma consigna y un mismo proyecto de país. Y, por si fuera poco, a sólo una década de que el país estuviera en llamas y tuviéramos el patético record de "cinco presidentes en una semana".
En el otro extremo, se aprecian mensajes que uno no logra comprender si es que no escuchan lo que está sucediendo en la sociedad civil o lo oyen pero no lo comprenden. O lo que es peor: no lo quieren comprender. Lo expresó con excelente claridad Juan Sasturian en una impecable contratapa en Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-183164-2011-12-12.html). Esto los ha llevado a arrojar una cantidad de especulaciones que no parecen dignas de profesionales, más allá de la posición política que tengan: Máximo Kirchner 2015, reelección indefinida, por citar sólo dos casos.
A veces el odio ciega a las personas y en este sentido, el periodista de La Nación Jorge Fernández Díaz escribió una columna titulada "El odio ciega al antikirchnerismo", que recomiendo haga circular entre muchos de sus colegas de ése y otros medios... (http://www.lanacion.com.ar/1429995-el-odio-ciega-al-antikirchnerismo).
Acompañado de esta serie de opiniones y comentarios se monta una operación que a priori es siniestra y nefasta. Por lo que implica, en prinicipio, y por las consecuencias que pueden llegar a tener, finalmente. Se presenta inocentemente como una provocación, pero busca generar un clima. Esto es, arrojar un argumento con el objetivo y la clara intención de obtener una determinada reacción. Y que repetido en reiteradas ocasiones fomente enfrentamiento y la violencia.
Tal vez parezca un poco lineal el razonamiento, pero el lector debe tratar de comprenderlo de la siguiente forma: primero se produce un mensaje con un tinte provocador. Luego, circula por diferentes vías y se reproduce para que sea recibido por diversos sujetos. Algunos le otorgarán un sentido, otros....otro. Pero lo más importante es que llegue: "que muerda el anzuelo", como diría un pescador.
El ejemplo más paradigmático, encontrado a pocas horas de que la presidenta jurara por Dios, la Patria y su difunto marido, la expresó el periodista Pepe Eliaschev con su nota titulada "¿Un bebe montonero?", en alusión a la figura del flamante Jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina (h) y a su portación de apellido. No sé qué impresión le habrá dado a cada lector, pero quien escribe estas líneas tiene la sensación de que Pepe se monta en un mensaje que busca generar miedo en el ciudadano que sólo se queda en la forma y no le interesa (o no se preocupa) en el contenido.
Lo mismo se observa con algunos editorialistas de Clarín y La Nación haciendo un lobby extraordinario para fomentar, producir y profundizar un "supuesto" enfrentamiento entre el gobierno nacional y sectores sindicales (especialmente los que responden al camionero Hugo Moyano). Parece un chiste, pero esos medios de comunicación que desde siempre cuestionaron y criticaron hasta al hartazgo al actual secretario general de la CGT, hoy le hacen un giño por derecha y buscan seducirlo, con la condición de materializar ese enfrentamiento, "marcarle la cancha" al Poder Ejecutivo y, por último, cuestionar la participación de los jóvenes en este movimiento político llamado kirchnerismo.
"Esto ya pasó en la presidencia de Cámpora y la vuelta de Perón en los setenta", se escucha por ahí. "Estos pibes se creen que son los salvadores de la patria", se lee en un foro. "Esto termina mal", sentencia otro.
Y este es el obejtivo de la oposición mediática: que todo termine mal; que la sociedad vuelva a tener miedo y sienta que vive nuevamente una película que terminó en tragedia.
La operación ya está en marcha. Pero si de algo se entrenó el kirchnerismo en estos ocho años es a aprender a desarmarlas.
Durante mi infancia, ante todo tipo de cargadas recuerdo que mi madre me decía: "no les hagas caso, matalos con la indiferencia". Puede ser que la indeferencia sea una de las herramientas para desarmar estas operaciones, pero no debe ser la única. Hace falta generar consciencia en la población para que comprenda que no estamos en la década del 70, no vivimos en un mundo bipolar, ni nadie postuló que los objetivos políticos se consiguen por medio de la lucha armada o la revolución violenta.
Ya lo dijo CFK en su discurso ante la Asamblea Legislativa: esto es un modelo nacional, popular y democrático. Y eso es lo que algunos sectores sociales aún no pueden o no quieren comprender: una idea de país que nos involucre e interpele a todos, que proteja al más humilde y sea el modelo democrático la forma de gobierno que permita llevarlo a la práctica.
17 noviembre 2011
Doña Rosa no tiene quién la ayude
Durante ocho años, doña Rosa, como la conocen en el barrio, disfrutó vivir a lo grande. Ya en los últimos días de marzo prendía sus cuatro estufas para que se sienta eso que algunos suelen llamar "calor de hogar" y así evitar que los primeros fríos del año no la sorprendan. En cambio, cuando la primavera se acercaba y las rosas y jazmines de su balcón florecían, se aprestaba a llamar a su técnico amigo para que le haga una buena recarga de gas a los cuatro aires acondicionados que se encontraban en cada uno de los ambientes de su hermoso departamento.
Doña Rosa estaba chocha: después de las fiestas de fin de año que pasaba con sus hijos y nietos en el barrio privado de Pilar se tomaba un vuelo a Punta del Este para disfrutar de las playas uruguayas. A ella nunca le gustó la política. Siempre le pareció algo sin sentido donde reinaba la corrupción. Para Rosa, el Estado era un aparato ineficiente y burocrático que no hacía más que impedir que la gente pueda vivir cada vez mejor. Eso mismo: para la doña (que no era ninguna anarquista) el Estado sólo tenía que ocuparse de cuidarla de los delincuentes.
Sin embargo, una tarde aburrida decidió ordenar una decena de boletas de impuestos y servicios que se habían acumulado durante varios meses en la mesa de la recepción de su departamento. Allí le pareció ver que en varios papeles figuraba una leyenda en la que se podía leer: "Esta boleta cuenta con subsidio del Estado Nacional". En otra se informaba que de acuerdo al consumo que había tenido y a su lugar de residencia (ella no cambiaba su Barrio Norte querido por nada del mundo), el costo del servicio sería hasta diez veces mayor al que ella abonaba. "¡Qué escándalo!", pensaba ella. "Yo, una mujer de barrio norte, recibiendo ayuda del Estado como si fuese una pobre mujer del conurbano", siguió diciéndose por dentro.
Decidió compartir la anécdota con una de sus amigas con la que se juntaba a tomar té dos o tres veces por semana en la cafetería de la calle Alvear. Ella también había percibido lo mismo en sus boletas pero no se sorprendió: "Aprovechá Rosa, ¿no te das cuenta que a este Gobierno le gusta gastar a lo loco y subsidia a todo el mundo?", le dijo en voz baja. Lo pensó un poco y decidió encargarle a su hijo la compra de otro aire acondicionado para colocar en el comedor.
Pero como diría el gran Fito de Rosario, "nada es para siempre". La política de subsidios siempre fue uno de los puntos más criticables del gobierno kirchnerista. Sobre todo durante los últimos tres o cuatro años. Trasladar el aumento de los costos en el propio Estado generó que se conformara una enorme masa de dinero que podría utilizarse para otro tipo de obras, por ejemplo.
Es cierto que los subsidios a los servicios públicos y al transporte se aplicaron luego del estallido del 2001, pesificación asímetrica y devaluación mediante. Con casi la mitad de los argentinos debajo de la línea de la pobreza y un cuarto de la población económicamente activa sin trabajo, aumentar las tarifas era echarle más nafta a un país en llamas. Con esta medida, el Estado no sólo subsidiaba un servicio, también significaba de forma indirecta un subsidio al empleo. Y no había ningún tipo de discriminación: más allá del ingreso, el nivel de vida o lugar de residencia, allí estaba la ayuda del Estado.
Con los años, la ciudad de Buenos Aires (el distrito más rico del país) y el Gran Buenos Aires recibían casi la totalidad de los recursos destinados a subsidios. El argumento era que allí se concentraba el 40 por ciento de los habitantes del país.
Centenares de artículos peridísticos denunciaban el escandaloso nivel de gastos que el Estado destinaba de su presupuesto a los subsidios: se habla de 75 mil millones de pesos para este año. Pero en las últimas semanas se anunciaron una serie de recortes para que los sectores más rentables de la economía dejaran de recibir esta ayuda.
Es la etapa del "gataflorismo mediático". Cuando el Estado subsidiaba sin ningún tipo de variable, decían que se derrochaban recursos públicos. Ahora, que se puso manos a la obra para distribuir de manera más eficiente, apelan a la palabra "ajuste" y salen por todos los medios a generar miedo y pánico en la población.
El método que el Gobierno utilizó para que cada familia decida si realmente necesita mantener o no esta ayuda puede ser calificada de inocente. Pero es aquí donde las sociedades deben rendir un examen de espíritu cívico y mirarse un poco al espejo. Pese a que se pondrá mucho esfuerzo en cruzar la información de la AFIP o la ANSES con lo que firmen los ciudadanos en la declaración jurada que presenten, no faltará el piola que siempre intenta sacar ventaja. Y más en un país donde la mitad de su economía aún está en negro y muchos no tienen la manera de justificar sus ingresos. Sino miren el caso de la amiga de doña Rosa...
Por eso el objetivo es hacer un doble movimiento: por un lado, una mirada introspectiva hacia el nivel de vida que cada uno ha conseguido en estos ocho años y, por el otro, un proceso de empatía en la que cada ciudadano pueda tener la capacidad de colocarse en el lugar de un Otro que no la está pasando bien.
Las sociedades se construyen mediante lazos solidarios fuertes. Pero la solidaridad no es sólo la donación de ropa, comida o dinero. También pasa por este tipo de actitudes en la que cada uno cede algo en pos de que otro tenga la posibilidad de vivir más dignamente.
Por eso, y por varias cosas más, es importante saber qué harán las "doñas Rosa" que viven a lo largo y ancho del país con esa declaración jurada, y que han vivido de las tetas del Estado (pido perdón por la expresión) durante tanto tiempo y sin que realmente lo necesiten.
07 noviembre 2011
Cuiden al inepto
Sólo quedarán escombros, residuos, polvo, cenizas. Lo que era techo ya no lo es. Lo que era un hogar ya no existe. Así de fácil, así de duro: sólo una montaña de nada.
Es cierto: podríamos estar hablando de una catástrofe. Tal vez si hubiera habido muertes estaríamos hablando también de la muerte política del relecto jefe de Gobierno porteño, sin haber siquiera comenzado su segundo mandato. Pero no hablemos de supuestos, sino de lo que realmente pasa.
Se superó el límite de todo lo que la relación de un medio de comunicación con un funcionario público de primera línea puede tener. Quien niegue el grado obseno de protección mediática que tiene el gobierno porteño ante los hechos que vemos hoy, se está mintiendo a sí mismo. Pero es claro: el sol no puede taparse con la mano: hay que cuidar al inepto.
La periodista y legisladora Gabriela Cerrutti expresó con claridad su inquietud en cómo el holding de la trompeta trataría al alcalde e ingeniero (sí, sí, él señor ostenta ese título) durante la campaña electoral. Macri acababa de darle en bandeja al multimedio una enorme masa de recursos públicos para llevar a cabo un programa de entrega de notebooks a alumnos de escuelas públicas de la ciudad, junto con el suministro de conexión a internet. Como se suele decir en el casino: "gracias, empleados".
A pesar de que hace menos de un mes que se realizó la elección presidencial que le permitirá a Cristina Kirchner controlar el Ejecutivo durante cuatro años más, la lucha por el 2015 ya empezó. El inepto ya está en campaña y, claro, necesita ayuda...
La decisión es concreta y bien visible: hay que cuidar a Mauricio de todo ataque que venga de cualquier lado, destacar y resaltar los puntos buenos de su gestión, no mostrar los baches (de sus políticas) y cuando la cosa se complique, esconderlo hasta que el lío pase. Es lo que algunos ya denominan el "cerco informativo".
Hace ya unos 15 años, los habitantes de la ciudad de Buenos Aires se preparaban para elegir por primera vez a su propio Jefe de Gobierno. Durante décadas ese puesto era elegido por el propio presidente de la Nación, casi como si fuera un secretario o ministro de su gabinete. Corría el año 1997, en el esplendor de la convertibilidad, cuando Fernando De la Rúa se convirtió en el primer alcalde porteño electo. Al mismo tiempo, "chupete" (como le decían en aquellas épocas) se convertía en la esperanza blanca y el instrumento que muchos sectores de la economía encontraron para acabar con el menemismo, muy desgastado por las innumerables denuncias de corrupción.
Por aquel entonces también se montó la contrucción de un cerco que cuidara al funcionario del radicalismo de todo tipo de ataque. El obejtivo era no mostrar sus debilidades y, por el contrario, construir la imagen de un político serio, culto, eficiente y decidido. Su mandato era llegar a la presidencia dos años más tarde.
Lo demás es historia pasada pero muy recordada por todos los argentinos. Sabiendo cómo se desencadenaron los hechos (hasta llegar a la crisis 2001/02), muchos votantes de aquella Alianza no veían a la persona que resultó ser. Habían sido engañados. Les vendieron pescado podrido.
Pues ahora utilizan el mismo plan de vuelo. Depositan la esperanza en otro inepto, lo cuidan, lo cercan. La protección a su vez debe permitir la construcción de la imagen de un político capaz, eficiente y ordenado. "Un tipo que tome las decisiones correctas", como les gusta decir a algunos.
Pero, "por detrás de la farsa, asoma la tragedia", postulaba Karl Marx cuando describía al gobierno de Luis Bonaparte. Más de dos siglos después nos encontramos ante una situación similar: después no digan que no les avisé...
26 octubre 2011
La primavera cristinista
El domingo pasado más de la mitad de los argentinos que
concurrieron a las urnas decidieron que la presidenta Cristina Fernández continúe
su mandato durante cuatro años más. Mucho se ha escrito y se ha dicho acerca de
los motivos de su impresionante triunfo y la holgada diferencia que hubo sobre el
segundo candidato, el socialista Hermes Binner. Algunos de estos análisis
(sobre todo los que provienen de medios críticos al kirchnerismo) le asignan demasiada
importancia a la muerte del ex presidente Néstor Kirchner (de la cual se cumple
ya un año) o a la actual situación económica, que dejan de lado otros aspectos que,
en mi parecer, son mucho más importantes. Miran el árbol, pero no el bosque.
Esta mirada tan pequeña y obtusa sobre el triunfo de la
presidenta es la misma que utilizaron luego de los festejos del Bicentenario o
durante el velorio del ex presidente. Pareciera ser que sus herramientas de
análisis y observación de la realidad ya no funcionan o no les permite ver lo
que está más allá de estos hechos puntuales.
Seguramente hubo votos del oficialismo que se recostaron
sobre la tranquilidad económica, la estabilidad laboral, los derechos sociales adquiridos
o el crecimiento económico sostenido. Pero dentro de ese 54 por ciento hay un
conjunto muy importante de sujetos atravesados por una matriz ideológica que coincide
con las políticas básicas del modelo instaurado a partir del 2003: intervención
del Estado en la economía, fortalecimiento del mercado interno, desarrollo de
mayor valor agregado para incrementar las exportaciones, memoria, verdad y
justicia, bajo endeudamiento externo y protección a los sectores más
vulnerables, por citar algunos ejemplos. Pero lo interesante es que ninguno de
ellos se muestra conforme con lo realizado o intenta mantener el statu quo: quieren ir por más. Es
el núcleo del kirchnerismo.
Por eso el mayor desafío del gobierno que comienza el
próximo 10 de diciembre es conseguir ese objetivo: la profundización de un
modelo que permita la conformación de una Nación que incorpore a todos sus
habitantes, en la que la igualdad en todo sentido sea la principal premisa. Comienza
lo que denomino “la primavera cristinista”.
La presidenta cuenta con un apoyo jamás registrado desde la
recuperación de la democracia en 1983. Ha expresado con claridad las cosas que
se han hecho, las que faltan y también, por qué no, las que hacen falta
corregir. Pero también dejó en claro algo que debe ser tenido muy en cuenta: la
premisa de que las decisiones que se tomen no serán nunca en perjuicio de los
sectores más humildes y vulnerables.
Será el momento de profundizar una reforma impositiva que
grave a sectores de la economía que requieren escasa mano de obra pero obtienen
una enorme rentabilidad: sector minero y financiero, sobre todo. También será
la hora de que los más pudientes paguen tarifas de servicios acorde a su nivel
de consumo e ingreso. No puede ser que un penthouse de Barrio Norte o Recoleta
pague menos gas o electricidad que un jubilado de la provincia de Córdoba
(aunque el porteño haya consumido el triple). Lo mismo para el transporte: la
falta de transparencia en la entrega de subsidios hace imperioso que el Estado
destine la ayuda al trabajador que realmente lo necesita y no al empresario que
se enriquece brindando un servicio ineficiente. Por eso el impulso de la tarjeta
SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico) sea hace imprescindible. Estas son
cuestiones que se discuten incluso hacia el interior del oficialismo y que ellos
saben que deben ser perfeccionadas.
La economía se define por ser una ciencia social que estudia
cómo distribuir los recursos (que siempre son escasos) de la manera más
equitativa posible. El cambio de paradigma que se observa desde hace ocho años
en este sentido permite inferir que esos recursos deben ser destinados a
quienes realmente los necesitan y a fomentar la obra pública que permita un crecimiento
económico sostenido para el desarrollo de todo el país.
No será fácil. La sociedad es más consciente que nunca de la
existencia de poderes muy fuertes que no se quedarán de brazos cruzados cuando intenten
tocar sus intereses o afecten su rentabilidad, por más que sea con el objetivo
de implementar la justicia social. A estos poderes no le interesa tal cosa.
Basta sólo citar a las corporaciones que están haciendo estragos con la
sociedad europea toda. Por estos pagos, la historia algún día contará con más neutralidad
aquella resolución 125 (que planteaba retenciones móviles a la exportación de
granos) y de cómo amplios sectores de la sociedad fueron engañados por los
poderes económicos concentrados.
En este sentido, esta masa crítica que le dio su apoyo a la
presidenta debe estar atenta y movilizada para que cuando estos poderes cada
vez más visibles intenten bloquear o combatir aquellas políticas que tengan
como objetivo la constitución de una sociedad más justa e igualitaria (aplicación
total de la ley de medios audiovisuales, por ejemplo), le marquen con claridad cuál
es el límite.
Los argentinos ya sabemos lo que es perder derechos
sociales, políticos o económicos. También comprendimos que sin participación y
movilización no se llega a ninguna parte. Y que un pueblo aletargado,
deprimido, sin esperanzas, ilusiones o expectativas, es el mejor alimento para
los más poderosos.
Por eso, no cometamos de nuevo los mismos errores. El futuro
del país está en nuestras manos.
07 junio 2011
Siete de Junio
Quienes compartimos la pasión por esta profesión recordamos a figuras notables como Moreno, Arlt, Botana, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Jaboco Timerman y muchos más que han hecho escuela y dignifican la actividad. Son los "próceres" del periodismo.
Es que al periodismo lo hacen las personas y no los medios, que son sólo instrumentos de soporte para las ideas que aquellos profesaban. Y las personas, en tanto sujetos, tienen pensamientos, sentimientos, valores, ideas, creencias, posiciones. En este sentido, podemos inferir que son signos.
Pero lo más importante es que los signos se definen por lo que hacen, no por lo que dicen ser, ni mucho menos por lo que ellos mismos dicen que son.
Tal vez esto suene complicado, pero detengámosnos en este razonamiento por un instante: toda persona es un signo, que como tal se define por lo que hace. No importa lo que dice ese signo, ni tampoco lo que dice éste de sí mismo. Al signo (y por ende, a los sujetos) los define un "otro". Y en el caso de los periodistas, esa otredad está representada por su audiencia, sus lectores, seguidores, etc.
Así se construye lo que algunos sociólogos han denominado "capital simbólico", sin duda el objeto de valor más preciado con el que cuenta cualquier trabajor de prensa.
En estos últimos años hemos asistido a la destrucción masiva de capital simbólico en el campo periodístico del que jamás se haya tenido registro. Hoy, los periodistas son interpelados por la sociedad como nunca antes. El lugar de "fiscal de la Nación" que ocuparon durante tantos años se desvaneció como castillo de arena junto al mar. Afortunadamente sucedió esto ya que para eso las sociedades tienen a la Justicia.
Otro punto destacable es que sectores amplios se enteraron (y muchos comprendieron) cómo se contruye la noticia, la realidad. En fin, se aprendió cómo se contruye sentido.
Palabras o conceptos como objetividad, independencia o neutralidad han sido ejes de cientos de debates que por fin se dieron fuera del campo exclusivamente periodístico. Hoy, la sociedad participa activamente y se interesa en el trabajo periodístico; lo aborda críticamente. Tal vez esta sea una de las consecuencias más interesantes que dejó el debate y la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Es por ello, que cuando llegan estas fechas tan especiales para todo comunicador es imprescindible tener en cuenta una serie de ideas que a pesar de sonar obvias o estúpidas, más de uno ha decidido olvidarlas, eliminarlas, atropellarlas o incluso enterrarlas:
1- El periodista no miente
2- El periodista no manipula
3- El periodista no defiende corporaciones
4- El periodista sólo esta al servicio de su público
5- El periodista no hace lobby ni tampoco es lobbysta
6- El periodista cuenta lo que él observa, no lo que otro u otros le dicen lo que debe observar
Ojalá pronto nazca una nueva forma de hacer periodismo que dignifique a aquellos próceres defendiendo el único interés de construir una sociedad mejor y más justa para todos. Pero para Todos.
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